miércoles 12 de noviembre de 2008

Despilfarro en la administración

En época de crisis lo que toca es apretarse el cinturón de una manera importante. Las empresas, para cuadrar sus cuentas de resultados y que el margen se vea afectado en lo más mínimo recurren a la contención del gasto ya que el ingreso se va a ver seriamente perjudicado.
Por otra parte, las economías domésticas hacen algo muy parecido. En las familias afortunadas con un empleo, tambien realizan descartes en gastos no necesarios o no urgentes de manera que uno ya no se cambia de casa o de coche o aguanta más tiempo con la ropa, compra marcas blancas en los super o, simplemente, deja de salir al cine o de cena.
Sin lugar a dudas a cualquier lado que miremos se está haciendo lo imposible por contener el gasto. Sin embargo, cuando miramos a la administración, nuestra principal proveedora de servicios, no pasa lo mismo. Hay más asesores, más coches oficiales y más gasto corriente que no es necesario y que afecta negativamente al ciudadano medio. Para contrarrestar ese incremento de gasto, seguramente, se acabe subiendo los impuestos, tasas, etc. que tendrán que pagar las maltrechas economías domésticas. Ese despilfarro se puede ver en administraciones locales, como el Ayto de Zaragoza con sus mesas y sillas fantásticas, los coches de Touriño o Benach, el incesante aumento de asesores en Moncloa o algunos que, con caracter retroactivo, son contratados.
En definitiva, mientras las empresas y las economías hacen verdaderos esfuerzos de superviviencia, la Administración, que es la que debería ser capaz de demostrar madurez, hace todo lo contrario y no me refiero a gastar, sino a despilfarrar. El escritor Orison Swett Marden, ya dijo que la economía consiste en saber gastar y el ahorro en saber guardar y la Administración ni sabe guardar ni sabe gastar.
Solbes ya anunciaba que las ayudas del Gobierno no se están viendo reflejadas en las economías doméstica y, creo yo, que no se verán plasmadas puesto que no va a existir toda la transparencia que debiera y porque algunas ayudas no acabarán en manos de empresas o familias, sino tapando algunos agujeros originados por la pésima gestión de algunos banqueros. No estoy, pues, de acuerdo con esa franquicia de opacidad que se les quiere dar a los bancos.
Por lo tanto, en estos momentos, necesitamos más transparencia, mejor gestión y cero en despilfarro. Que tomen buena nota los políticos.