Y es que no le ha bastado a Tomás Delgado Bartolomé con matar a Enaitz Iriondo cuando conducía un coche a casi un 20% más de la velocidad permitida y en estado de embriaguez, mientras la jueza del caso miraba a otra parte y sobreseía el mismo. Ahora pide a la familia que le pague los daños provocados en el atropello en su máquina asesina. No le basta con haber segado la vida de un chaval de diesiete años al que le quedaba toda la vida por delante. No tiene suficiente con el sufrimiento que ha causado a una familia riojana con haberle arrancado de sus brazos a ese hijo que mató mientras iba en bicicleta durante las vacaciones. No se siente culpable como para pedir perdón públicamente por haberse sentado en su máquina asesina ebrio y lanzar su vehículo a altas velocidades contra ese cuerpo indefenso. Ahora quiere hurgar en la herida, aún reciente, y pedir a la familia que se haga cargo de los daños de su vehículo.
Creo que despues de lo que ha hecho debería de pedir perdón y las autoridades deberían de pedir una orden de alejamiento a este señor de cualquier volante, incluso de juguete. Pero sobre todo, deberían de invitarlo a asistir y ayudar a todos los heridos de gravedad que se producen en las carreteras españolas provocados por insensatos, imprudentes e insensibles como él.
domingo 27 de enero de 2008
Un corazón de piedra
Publicado por
José Luis
en
21:08
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